Imagen: SJJ, 2000
viernes 25 de diciembre de 2009
lunes 2 de noviembre de 2009
una de astronautas
Imagen: MJJ, 1997
Silencio, del que, de tan callado, duele.
Flotando en la ingravidez del espacio sin rumbo.
Queda tan solo un aliento; y luego, nada.
Flotando en la ingravidez del espacio sin rumbo.
Queda tan solo un aliento; y luego, nada.
Debe ser por la influencia de todos los santos, pero he recordado que, recurrentemente, sueño despierta en una forma de morir que no está al abasto de cualquiera, si es que abastecerse de una muerte peculiar es algo deseado y posible. Un astronauta navegando por el espacio, desligado de la nave y del contacto con ser alguno, flotando a la deriva hacia la inmensidad, sin aire infinito, esperando.
Curiosa asociación a partir de este genial dibujo de un niño de cuatro años.
jueves 29 de octubre de 2009
les llums de la nit
A pesar de que mi modesto cuaderno sea apenas visitado por unos pocos lectores, y de que esos lectores probablemente ya estén al caso del evento, tengo el honor de anunciar la próxima proyección de fotografías y conferencia de Frikosal en la Societat Catalana de Fotògrafs de Natura de Barcelona.
Como él mismo dice, será como un blog, pero en vivo.
Vale la pena.
Y es gratis (Ya afloró mi sentimiento de desempleada).
(consultar antes aqui, por si hay cambios de última hora)
miércoles 7 de octubre de 2009
Plim, fantasía de frutas
Imagen: mala, malísima imagen tomada con la cámara del móvil y disfrazada informáticamente, de la reproducción de un antiguo cartel de Plim.Sigo con el bricolaje, y a pesar de no haber topado con ninguna otra dificultad técnica al estilo de la palomilla-palometa, poner orden en el hogar depara emociones imprevistas. Cualquier hallazgo inesperado de un objeto olvidado, remite a la historia y a los recuerdos. Por eso hoy he pensado en mi abuelo paterno, al que apenas conocí. Sé, de él, que fue un lector precoz, que a los cinco años sorprendía a los vecinos mientras leía en voz alta el periódico, sentado en el portal de su casa, con sus gafas de culo de botella. Sé, también, que se libró de guerrear en esa confrontación absurda del 36, porque simuló haber perdido las antiparras y, distraídamente, apuntó a su capitán. Por supuesto, fue declarado inútil y retirado de la contienda. Y sé que fue socio de una empresa de nombre Gili, S.A., la cual inventó en 1928 un refresco singular que solamente se distribuye, y todavía, en el municipio que le vió nacer. Se trata de una bebida gaseosa y dulzona que únicamente se encuentra en Reus (Baix Camp). Fantasía de frutas, rezaba el lema impreso en el botellín de cristal de toda la vida (por supuesto, actualmente el plástico ha sustituido al cristal de mi infancia).
Cuenta la leyenda que su nombre surgió de la respuesta de uno de los comerciales que, al ser inquirido acerca de como podrían llamar al nuevo brebaje, respondió: A mi, Plim.
Buscando información sobre el bebercio en cuestión, se explica esta historia, bien obviando el nombre del comercial, bien atribuyéndole la idea a otro. Pues hoy toca reivindicación ya que, al menos en mi casa, siempre se ha dicho que ése comercial fue mi abuelo Artemi.
Sea cierto o no, reivindicado queda.
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domingo 27 de septiembre de 2009
la palometa
Imagen: intento de esquematizar mi patética situación. Mis disculpas por tan burda ilustración, (mal)hecha en un santiamén, pero mis hijos tienen hambre, y a estas horas todavía no he preparado la comida.¿Es al intentar cambiar la tapa de un inodoro -vulgo, la tapa del váter-, cuando nos damos cuenta de ciertas diferencias entre sexos? ¿Se trata de una cuestión de fuerza, o de maña? ¿Tenemos ambos sexos las mismas posibilidades en cuanto a maña (algunas/os) y fuerza (algunas/os)?.
Podría ampliar el asunto yendo más allá del simple desmontaje de una tapa de váter, obviando las dificultades presumiblemente propias de un hombre o una mujer ante tales menesteres. Podría también despotricar de uno de los inventos más nocivos y a la vez, prácticos, de la Humanidad. El plástico. Porque ¿quién fue el iluminado al que se le ocurrió fabricar una palometa de plástico?.
Podría hacerlo, y lo hago porque estoy harta.
El quid de la cuestión es el deterioro. Las tapas de váter, o ésta en concreto, se anclan a la taza mediante un espárrago metálico que se ajusta roscando una palometa. Si el espárrago está oxidado, y la palometa es de plástico, existe un verdadero problema. Por más que intentemos desenroscar, el óxido ya ha destrozado las hendiduras que deberían permitir que la palometa se roscara o desenroscara suavemente. Si utilizamos un instrumento ad hoc, como unos alicates, para sujetar la palometa en cuestión, y otro para mantener fijo el espárrago, invariablemente el plástico, duro pero maleable, se va deformando. La solución sería que se deformara hasta romperse. Pero no es así. Y no hay forma de lograrlo. Ni con ardides tan naïf como calentar un cuchillo al rojo vivo para fundir la plasticosa palometa, y cortarla, y separarla del maldito espárrago. Todo ello, estirada en el suelo, con la taza a un dedo de mi nariz, y en un espacio de unos veinte centímetros, a lo sumo.
¿Me falta maña?
¿Me falta fuerza?
Estoy indignada, y sin tapa en el inodoro (¿Por qué se llama inodoro, si olores no le faltan?).
Vaya entrada la de hoy.
lunes 21 de septiembre de 2009
tres meses después, verano y el señor naranja
Imagen: Menorca, junio de 2009
Entre mi desidia, el cambio en la rutina que ocasionan las vacaciones escolares, y el señor Orange, que ha persistido hasta lo indecible en su intento de que mi nuevo router no llegara a su destino, han pasado tres meses desde mi última entrada.Estoy viva, estoy bien dentro de lo que cabe, y espero retomar pronto mi actividad bloguera.
Sigo sin trabajo.
Los sueldos decentes son más que bienvenidos, por supuesto.
;)
lunes 1 de junio de 2009
mens sana in corpore sano

Entré, no sin cierta aprensión. Los gimnasios han sido siempre, para mi, un mundo extraño. A mi falta de voluntad se añade el desagrado por el esfuerzo físico, por la congestión y el sudor, por esa obsesión de llevar la anatomía al máximo. No obstante, admito que nuestra vida sedentaria fabrica cuerpos anquilosados y que es evidente y necesario mover mínimamente nuestras articulaciones, músculos y demás órganos para avanzar por la vida con mayor elasticidad. Probado está, también, que la práctica del deporte estimula la hipófisis y que ésta segrega maravillosas endorfinas a modo de opioides endógenos, como una droga natural de potente poder antidepresivo, que aumenta la autoestima y la sensación de bienestar. Dicho ésto, y armada con zapatillas de deporte, ropa cómoda y pocas ganas iniciales, entré, como dije, no sin cierta aprensión.
El vestuario, a esas horas mañaneras, estaba nutrido de personajes muy diferentes a los que acostumbraba a ver en mi último intento de acudir a un gimnasio, cuando yo trabajaba y el horario posible consistía en robarle unas horas al día, comunes a cientos de currantes de mi misma condición que atestaban las salas. Ésta vez, todo estaba poblado de mujeres mayores. Al lado de las taquillas, una fila de carritos de la compra esperaban que sus dueñas, de mercado diario como antes se solía, terminaran de ducharse y vestirse para seguir sus quehaceres de abuelas, esposas y madres amas de casa. Algunas, asistían con su nieto, al que sus padres habían endosado a la anciana canguro obligada. -Imposible que nos llegue para guarderías-, dirían los padres trabajadores si preguntáramos. Las conversaciones, centradas básicamente en el recuerdo del marido fallecido -un aburrido y un pesado, no me llevaba a ningún sitio. Eso si, era tan buena persona... Y mira, ya hace siete años que murió-, los nietos -aprovecha que los tuyos son pequeños, que dura poco, y luego ni se acuerdan de ti-, los viajes -hacía cuarenta años que no iba a Mallorca, pero estos viajes del Inserso son estupendos, he vuelto por cuatro chavos, y nos lo pasamos tan bien...-, o, en menor medida, las enfermedades. Será que las abuelas deportistas están más sanas.
La sala de máquinas (que me recuerda, por su nombre, más a la bodega de un barco repleta de hornos, carbón, hollín, tuercas y llaves gigantescas, que a un lugar donde ejercitar los músculos), lo mismo. Aquí estaban mezclados alegremente ellos y ellas. Algunos, bicicleteando mientras hojeaban la prensa gratuita. Otros (cuya cara roja, cubierta de sudor y congestionada, me hizo temer más de una desgracia), caminando a paso ligero por una cinta sin fin, o intentando levantar pesos que quizá lograban levantar en el pasado, pero que ésta vez se resistían, tozudos e impertérritos.
Me puse a pedalear intentando ir a lo mío. A los cinco minutos, el señor de al lado ya me estaba contando que a ése de ahí, aquel bajito, le habían puesto una malla en una vena del brazo, o eso decía, y que no lo entendía. ¡Gallego!, le llamó a grito pelado. -Le llamamos gallego; es que es de Galícia- dijo. -Ya- repuse yo, lacónica.
Vino el gallego y nos contó exactamente en que había consistido su operación. Digo nos, porque a esas alturas yo ya era, por narices, partícipe de la tertulia aunque me mantuviera callada o asintiendo con cortantes monosílabos.
Logré deshacerme de tan agradable compañía (que lo eran, o en otras circunstancias lo hubieran sido), y me dispuse a marcharme, no sin antes echar un vistazo a lo que llaman zona de aguas. Allí, reparé en una piscina redonda repleta de años, de muchos años si sumáramos los de aquellos bañistas que se relajaban en el agua caliente, entre burbujas y vapor, como guisantes en el caldo.
Una vez vestida y arreglada, salí de allí como se sale de donde has ido con desgana, esto es, contenta y satisfecha por superar mi reto personal. Además, e imagino que fruto de las endorfinas, me alegré de que haya, todavía, quien conserve la ilusión y las ganas de moverse, pese a los años, que pesan.
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el mundo,
parón forzoso y forzado
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